Bienvenido Octubre

Ahora que ha comenzado el Otoño me entran ganas de comer higos.

Bienvenido-octubreNo, en serio. Cada vez que llegan las lluvias de Septiembre y los madrileños recogen la colchoneta y el Marca y se vuelven a la gran ciudad, me va invadiendo la melancolía hasta llegar Octubre. Y se instala en cada rincón de la casa, todo lo envuelve y lo enmaraña todo. Si Septiembre llega con su oh dios mío, en Octubre yo ya estoy jodido. Sé que es una sensación transitoria, pero mientras dura la abrazo, me dejo llevar por ella. Normalmente el sufrimiento sirve a algún propósito, tiene una recompensa, pero esto es sin sentido y cíclico. A todos, yo creo, nos gusta un poco autotorturarnos, somos “masoquillas”, nos apretamos el hematoma o tocamos el plato ardiendo o nos enamoramos de una mala persona, sabiendo de antemano que nos va a doler. Y¿para qué? No lo sé, ¿pero no es cierto que lo hacemos? Nos gusta ver en domingo Top Gun, Dirty Dancing, La Mujer de Rojo…Son perfectas porque son pura melancolía y las habré visto mil veces, pero se tienen que ver en domingo, eso sí.

Tomar café mientras ves llover a través de la ventana, leer un buen libro en el tren, mirar fotos, asomarse al balcón, caminar solo sin rumbo, recordar. Y pienso en las vidas de las personas que veo, en cómo serán sus sentimientos, sus derrotas; evoco los rizos cobrizos del último amor de verano, mirando las estrellas sin hablarnos y la expresión de su rostro en ese “momento” como la cosa más bella y efímera. El mundo podría perfectamente acabar en ese instante. En un estallido. De repente, y no poco a poco, como lo hace. Con cada latido.

Fue en otra vida que adopté el don de la ubicuidad en Aranda, que bebía tinto con gaseosa en el aperitivo, que tomaba el sol desnudo en la terraza a la hora de la siesta. Qué vida despreocupada y feliz era, y qué joven.

Un periódico mustio encima de una mesa de bar anuncia que Mas reta al gobierno a que a permita un referéndum vinculante: “Es la manera lógica”; la gente mayor se agolpa en la hora feliz: <<con cada consumición un plato de mejillones>>. Le escribo un wassap a una amiga porque la melancolía me hace querer rescatar amistades, pero no me contesta. La borro de la lista de contactos. Repaso la lista de propósitos y quehaceres para este nuevo año, porque el nuevo curso empieza ahora, no en enero, no en primavera. Ahora. Dentro de esa lista hay varios ultimátums que me hago a mí mismo. Es el momento de engañarse convenciéndome de que es la última vez que le escribo, es la última vez que me emborracho, es la última vez que tomo tanto café, es la última vez que me engaño… Siempre es la última vez.

Como digo sé que esta tristeza es transitoria. Quizá necesito mi dosis como una forma de purficiación. Para resetear. Lavar mis pecados paseando bajo la lluvia. Escucho “Dont know what you got (till it’s gone)” de Cinderella, “Estranged” de G N’ R o The Cure o, si estoy terminal, Opeth.

Los árboles despoblados, el olor a tierra mojada. Las hojas en el suelo y los pelos en la almohada. Me parece todo arrebatador y hermoso. Pero supongo que no está bien sentirse así. Porque hay demasiadas cosas que duelen. Aquí y allá, se espantan y vuelven. Y no me dejan en paz. Hay quien dirá que no está bien. Así que voy a ponerme a Varry Brava y añadir un nuevo propósito: es la última vez que me siento así. Esta vez sí.