Anarquía (Crónica del Sansan 2016) 1ª parte

foto Jorge G Guerrero

foto Jorge G Guerrero

Tengo desde hace ya meses, quizá un año, molestias; yo diría que inflamaciones, internas. De riñones, sobretodo el izquierdo, de la vejiga, y la próstata. La próstata me la noto como si detrás de las gónadas tuviera una pelota de tenis. Sé que soy hipocondríaco, que quizá todo este rollo venga del estrés. No soy una persona nerviosa, al contrario, pero me acaloro, me suben las pulsaciones, se me pone la piel roja e irritada… No sé el porqué del estrés, creo que lo tengo desde que me dejó mi última novia. Primero fue depresión, si depresión es levantarse por las mañanas con los ojos llorosos y bajarte al bar a tomar café y repasar qué posibles motivaciones puedas tener para seguir viviendo. Por aquel entonces dejé de respirar y lo sustituí por suspirar. El mundo se había acabado para mí. Luego se me pasó y volví a fijarme en las chicas; volví a bajarme el Tinder, a salir de juerga… en fin, todo eso. Pero se me quedó alguna manía; secuelas, como levantarme sudado en mitad de la noche y necesitar ir dormitando hasta la nevera para comerme una onza – o dos o tres- de chocolate y beber medio litro de agua para poder volverme a la cama; o también está lo de la inquietud -inquietud inminente la llamo yo-, esto quiere decir que me pongo nervioso, todo el rato: quiero que llegue ya el autobús, quiero que se acabe el capítulo que estoy viendo para irme a la cama, quiero que se calle de una vez la persona que me está hablando, quiero ya y cuanto más tiempo pase más rojo me pongo. Sí, sé que es un poco raro. El caso es que, claro, bien se podría pensar que psicosomatizo, como me dijo mi amiga María, que todo eso del malestar, la angustia y el escozor en la base del pene tiene el origen en mi desazón y pensamientos autodestructivos. Sea como fuere estuve mes y medio tomando antibiótico porque lo que sí es cierto es que acabé meando sangre y no me quedó más remedio que acudir a urgencias donde me sacaron sangre dos veces y me hicieron orinar dos veces y también placas en el pecho y el abdomen, un bájate los pantalones y ahora agáchate y ¡zas! dedo por el culo, ahora vete al baño y hazte una paja, además de ecografía y un gotero, y un puñetero tubo de goma aprovechando el mismo agujero donde me habían pinchado y me subieron a una habitación individual con una tele que no se veía si no era metiendo dinero previamente en una máquina que había en el pasillo. La máquina te sacaba un código y entonces volvías a tu habitación, tecleabas el número que llevabas en el papelito que te había escupido la máquina y ya podías ver la tele tumbado en tu cama reclinable a motor. 5 días estuve ingresado. 5 días de vacaciones comiendo comida de hospital, despertándome una enfermera a las 7 de la mañana para sacarme sangre; sin más ocupación que mirar lo que echaran en la tele, dormir y leer a Tom Wolfe cuando me bajaba un poco la fiebre. Bueno, pues después de que se terminaran estas mini-vacaciones y de volver a la vida normal y estresante, y de estar tomando 2 antibióticos distintos durante 6 semanas, justo a la semana siguiente de terminar la medicación y seguir sintiéndome más o menos igual de mal, me compré las entradas del Sansan 2016.

Me llamó mi amigo MacDonald. Lo llamamos así porque es actor y ha trabajado algunas veces como animador en fiestas de cumpleaños, bodas, etcétera, disfrazándose de payaso; además de que tiene una gran gran nariz que se le pone roja en cuanto le da el sol o se pone borracho. Mi gran amigo MacDonald quería ir, yo tengo casa en Gandia e igualmente tenía esos días libres así que… ¿Qué tenía que decirle?. Lo que ocurre es que no podía beber. Si después de tanto tiempo de tratamiento no me había curado habría que tomar medidas extremas. Nada de café ni alcohol. Al menos durante un mes. Ya estuve con él en Ibiza con gastroenteritis y estuve un día entero de fiesta sin volverme al hotel ni sentir deseos de hacerlo. Se puede hacer. Pero claro… es una mierda.

MacDonald vino con su amigo Sebastián. A mí me dio por llamarle Bastian por “La Historia Interminable”, lo cual no le agradaba demasiado me parece. Bastian es un chico delgado, cetrino y con ojeras. No sé que edad tendrá pero más mayor que yo y extremadamente drogadicto. Yo tengo 34, un número bastante alto, pero me conservo bien. Típicamente la gente me suele echar menos edad. Esto no quiere decir que me escude en ello para ir de festival y tirarle los trastos a las niñas de veinte, simplemente es lo que hago y si fuera más feo y decrépito pues bueno, supongo que seguiría haciendo lo mismo. O eso creo.

Fuimos a mi apartamento en la playa. Desde el balcón se ve el camping del festival y si levantas la vista ves el mar. Tengo varias plantas que se han muerto porque dejé de venir. Empecé a trabajar de comercial de artículos de lujo. Relojes suizos de gama alta, documentales, esculturas… Todo artículos de más de mil euros. A la quincena tengo que haber vendido por valor de tres mil. No es nada fácil, para mí, porque mi compañero Alex se levanta alrededor de cuatro mil euros al mes. Yo estuve a punto de vender una réplica de una obra de Da Vinci hace poco a un maestro de escuela pero al final se me echó atrás, así que estoy todo el día yendo de aquí para allá con el coche intentando vender algo y ya no tengo tiempo para venir aquí a descansar. Es un apartamento viejo, en tercera linea de playa, heredado de una tía mía por parte de padre que nunca se casó. Nada más llegar, Bastian abrió un paquete del MRW que  llevaba consigo cuyo contenido era una película DVD llamada “Manual del Anarquista” y enrollados en papel film varios pollos enormes, y digo enormes porque debían ser de dos gramos cada uno. –¿Todo eso lo traes para ti?   -Y para quien quiera. En la carátula donde se esnifó la primera raya pude leer: ha llegado la anarquía.

Sansan-2

foto Jorge G Guerrero

Nos fuimos a aparcar el coche después de comer. Tomate con cebolla, calamares, chopitos y ensaladilla rusa en una terraza a la sombra de los pinos; por si os interesaba. Ahí me bebí una jarra de cerveza y una cazalla. Sí, mal empezamos, pero no tenía pensado beber más. De verdad. Al llegar al recinto lo primero que vi fue Carmen Boza. Me gustó. Una cantante muy interesante. Muy buena voz. Salió a cantar con ella una canción un tal Rayden, un mc con voz grave y algo pastelón que justo después saldría al escenario principal con su actuación, a la cual también me quedé y me sorprendió, la verdad. Me gusta que haya variedad en los festivales. Cantó junto con un tío calvo con una técnica vocal muy buena. Gutural y afinando siempre. Un concierto de rap muy fresco y digerible. Al acabar pasó algo curioso. Llevaba vistos dos escenarios, ya sabía que el tercero había caído del cartel un día antes de empezar, pero no sabía dónde encontrar la zona de dj’s. Imaginé que dentro de la discoteca Falkata, porque el festival se estaba celebrando en la explanada adyacente y la zona VIP estaba ya en la parte que correspondía propiamente a la discoteca, al aire libre, pero no veía que hubiera disc jockeys pinchando ahí ni en ningún lado. Pregunté a barmans, pregunté a seguridad y, al fin, pregunté a una chica muy bien parecida que llevaba colgando del cuello lo que seguramente era una acreditación. Me dijo que podía ser que estuvieran pinchando dentro de la discoteca, “podía ser”, en seguida entendí que seguro que era así. Como había comprado entrada normal no podía acceder. Quería ir a ver pinchar a Plan B pero yo no era una Very Important Person. Tras esto convencí a Bastian y a Mac para salir a comer algo. En el acceso al festival había varios puestos de comida. Nos acercamos a una caseta para comprar tokens. El mínimo eran cinco. Quince euros. No podías comprar cuatro, ni tres, ni dos, ni uno. En la lista fotocopiada que había pegada al lado de la ventanilla estas opciones estaban tachadas. Yo sólo quería comprarme algo con un token y medio o dos pero mira, no podía ser. Total tenía que volver al día siguiente y también tendría que cenar. Nos sentamos los tres en una mesa de camping de madera sin hablar, hasta que Bastian dijo que quería ir al coche a beber y le acompañamos. Me terminé de camino el Pad Thai más asqueroso y salado que he tenido la desgracia de probar nunca. Sí, me los terminé, los había pagado. Tuve que apretarme una Steinburg al llegar al coche para quitarme ese puto sabor a culo de morsa. Estuvimos un rato en el coche, sin hablar. Yo meé en un pequeño descampado. Al volver al recinto, Miss Caffeina seguía con su música deprimente. – No me puedo creer que la gente se ponga de cristal con esta música; es como dejar a tu novia y despedirte del curro y dormir con una pistola bajo la almohada. A Mac no le gusta demasiado la música indie y hay algunos grupos que le producen especial rechazo. Los que cantan hablando son los peores suele decir. En ese momento recordé que nos habíamos dejado a Bastian en el coche, nos fuimos sin decirle nada, lo dejamos dentro jugando al Tinder como un psicópata. – Esta no, esta no, esta no, esta no, esta, esta no. ¿Cómo puede juzgar tan rápidamente? Andábamos por ahí Mac y yo perfectamente serenos y tranquilos, disfrutando de tan bellos rostros femeninos como nos íbamos cruzando. – ¿Sabes una cosa Mac? De pibones está el mundo lleno. – Sí, pero yo estoy enamorado.

Esperando el concierto de Izal, para disfrutar mejor las vistas, nos colocamos en un extremo del recinto, en el lado opuesto a la discoteca, esperando a que empezaran. A nuestra espalda teníamos una valla que nos separaba de los juncos de la Marjal y allí los tíos se sacaban la picha para mear y los de seguridad venían y los cogían por la solapa, aunque algunos a pesar del frío iban en mangas y les tenían que coger del cuello y les sacaban a sacudidas mientras se la guardaban, se quejaban y ponían cara de no saber bien qué estaba sucediendo. – ¡Ahí no se puede mear!, ¡afuera tienes polyklyns! Y la cara de absoluto estupor de los parroquianos mientras caminan arrastrados por la fuerza bruta de la ley. Empezó Izal con Copacabana y, bueno, qué decir, un directo correcto y las canciones éstas que hemos escuchado un millón de veces. La gente canta sus canciones desde la barra más lejana. Tienen muchísimo éxito y Mikel tiene pinta de ser un tío majo. Escuché una vez en el coche de una chica el primer disco. No sé si sería maqueta o qué pero no les oigo nunca tocar ninguna de esas canciones que ya os digo que están muy bien, por no decir que son las mejores, así de moderno debo ser pero es lo que hay.

Mac se puso a jugar con el segurata; se giraba estando de espaldas a él y miraba el móvil con los brazos estirados hacia abajo como buscando cobertura. A la altura del paquete. Efectivamente el de seguridad se lo pensó varias veces el ir a cogerle del pescuezo. Cuando Bastian le cogió del brazo y le giró ya estaba diciendo –¡eh, que sólo estoy mirando el móvil!Tío, mira que chaqueta más guapa me he comprado, jajajaja. Se había comprado en una de las tiendas de fuera, donde no sólo había puestos de comida, una chaqueta de chándal de estas antiguas que ahora llevan los modernos y la gente de las tres mil viviendas o las barranquillas o yo cuando era pequeño. – La tipa las vende a 20 pero me la ha dejado en 15. Se lo cuenta con la mandíbula desencajada y dándole golpes en el brazo que a Mac no le gustan nada.- ¿Estos que suenan son Barrizal? JAJAJABueno, ahora vengo. Pero no volvió.

El último concierto fue Dinero. Cañeros como siempre, cada vez lo son más, sonaron correosos y, por cierto, se pasaron con los decibelios. Tocaron una nueva y han sumado un nuevo guitarra. El bajista ya no es Ove, ahora está uno que se parece al que tocaba antes. Ya por último la sesión en el escenario principal de unos dj’s que se llaman como la película de Fellini: Ocho y medio. Nos encontrábamos Mac y yo cansados y ya estábamos pensando en volver al apartamento pero consiguieron que nos quedáramos. Fue el broche. Nos hicieron bailar, a mí se me olvidó durante un rato que me había pasado la noche yendo a los lavabos a escupir chinches por la uretra. Una chica labios color malvavisco me clavó la mirada y estuve bailando con ella hasta que los platos dejaron de girar, o cd’s; vamos, hasta que a las 4:00 paró la música. Me dijo de ir a su apartamento pero entonces pensé en las veces que en medio del uhn-tiss uhn-tiss me he arrepentido y he pensado en lo bien que estaría en mi cama durmiendo y luego te levantas mientras ella duerme, buscando tu ropa de puntillas y te vas de allí preguntándote para qué haces eso. Bueno, que como no iba borracho le dije que no gracias.

Cuando llegamos al apartamento nos encontramos a Bastian con un grupo de gente a la que no conocía, ni él tampoco hacía unas horas. Estaban pajareando en mi piso y eso no me gustó nada. Me fui a acostar pensando en echarles. Comí techo sin ir castaña por culpa de los clac clac de las tarjetas y las carcajadas y las historias de penes flácidos y groupies. Esto último me divirtió pero estaba enfadado. Y necesitaba que se callasen o se fuesen de allí ¡YA!.