Los amigos nocturnos

De antemano disculpo al lector que pueda sentirse engañado por este artículo. No trato de relatar hechos reales ni ficticios, ni contar ningún relato de hecho. No está, ni deja de estar, basado en hechos reales ni pretendo vanagloriar las hazañas o desfachateces de nadie. Se trata de una reflexión. Una reflexión sobre un tema concreto, pero tan variado y difuso a la vez, como complicado parece concretar nada sobre ello. Y es que los amigos nocturnos es tan sólo un término inventado. No tienen por qué ser amigos ni por qué ser nocturnos, sin embargo son dos conceptos que bien pueden servir para definir el tema que vamos a tratar. O al menos, para intentarlo.

Los amigos nocturnos son muchas personas y ninguna a la vez. Son más recuerdos, momentos, sensaciones, nombres o motes, que personas. Los amigos nocturnos son aquellos que se crean y se destruyen, se forman y se deforman en momentos puntuales de tu vida. Se dice que son nocturnos, pero no “necesariamente” a la noche pertenecen. Si bien es cierto que la noche es la referencia más clara y que probablemente sea cuando más se crean estas peculiares relaciones. Los amigos nocturnos son aquellas personas que pasan a tu alrededor y, sin saber muy bien o por ciencia infusa, algún hecho sucede que te convierte en parte inseparable de esa (o esas) persona.

Y ahí es cuando todo cambia y las circunstancias dejan de importar. En ese momento tú tienes un amigo. No importa el lugar, ni el momento, ni importa incluso las personas. Ha nacido una preciosa y bonita relación. Es entonces cuando la noche (o el día) cambia. Conocer una persona desde cero es una de las mayores experiencias con las que uno puede deleitarse entrada la noche. Mientras la gente baila, tú te pierdes para conocer esa nueva amistad. Conoces sus amigos, su forma de hablar, sus costumbres, sus chistes. Te zambulles sin miedo en las vidas desconocidas que se han cruzado en tu camino. Ríes con ellos, compartes cervezas, copas y lo que surja. Según sumerges tu cuerpo en alcohol y vicio la realidad se va distorsionando, enfatizando los momentos compartidos. No importa el lugar ni el momento, importan las personas.

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Los amigos nocturnos, sin embargo, son amistades caducas. Su muerte es inexorable, y ambas partes conocen este hecho. Que tenga que morir no quiere decir que sea una relación efímera. Los amigos nocturnos pueden durar ratos, horas, días o más. Pueden irse tan rápido como vinieron. Puede que las circunstancias maten esa relación y alguno tenga que marchar rompiendo este vínculo. Puede que tus amigos, celosos, dinamiten esta relación. O puede que no ocurra ninguna de estas cosas. Es entonces cuando decides seguir la rutina con los amigos nocturnos, con la esperanza de que nada cambie para que no acabe. Los parámetros deben ser los mismos, así que sin importar la hora continúas con tu dieta rica en alcohol mientras adaptas el continuo de la vida a estos parámetros. Desayunar cerveza, un vermut a media mañana, la comida fuerte, sobremesa con copas, cervezas de la tarde, y de nuevo la noche. Los amigos nocturnos pueden dilatarse tanto como se quiera.

Conforme pasan las horas uno se da cuenta lo poco importante que es la rutina. Poco importa tu trabajo, tu sueldo o tu posición social, pues todas las personas tienen la misma cara de desgraciado a las ocho de la mañana. Es en esas horas al alba, y conforme empieza a apretar el sol, en el que uno asume que todos somos iguales ante la mirada de desprecio de la gente formalque observa tu estado. Y sin embargo, este hecho refuerza la dualidad existente entre los amigos nocturnos y el resto de la sociedad. Es una relación artificial, pero más intensa que la mayoría de las que tienes a lo largo de la semana. Es muy probable que ya hayas compartido muchas más cosas que con el resto de gente, y también los amigos nocturnos contigo. Has debatido de la vida, de lo más sagrado a lo mas terrenal, de lo bueno y lo malo, de todo aquello que te define y que compartes. Las conversaciones con los amigos nocturnos son el bien más preciado que puedes sacar de este vínculo, y esto no hace más que reforzar la unión con ellos.

El tiempo corre, y has pasado por bares, casas, afters, conciertos o garitos varios. El momento de la ruptura se acerca y se palpa en el ambiente. Llega un momento en el que el cuerpo no aguanta más, y se rompe como una rama seca. Es el momento del fin. Tú quieres, pero no puedes. Tu cuerpo te devuelve a la realidad más absoluta, donde no pueden habitar los amigos nocturnos. Es el fin de una relación, y eso te apena. Pero sabes que iba a pasar. Y es en ese momento en el que uno se marcha, sin grandes despedidas ni caras tristes. Ambos sabéis a qué jugabais, y estáis contentos con la experiencia. Un adiós, un compartir móviles o facebooks, y unos besos. Y se acabó.

Sin embargo, este no tiene por qué ser el fin definitivo de los amigos nocturnos. Esas personas pueden pasar a engrosar tu lista de contactos, pasar a ser una de tus amistades o algo más. Y es que los amigos nocturnos pueden ser cualquier persona. Ese amigo de toda la vida, la pareja que conociste cerrando ese garito, tu grupo de amigos de festivales, los tres chicos con los que te perdiste un día en un festival, ese grupo que te acogió cuando tus acompañantes te dejaron tirado, las amigas del ligue de tu amigo, ese desconocido que está solo en el garito. Cualquiera. Y para volver a ellos sólo hace falta recrear las circunstancias para poder entrar al estado en el que conoces a los amigos nocturnos. Las veces que sean y donde sea. Pues poco importan el lugar o el momento, ni siquiera importan las personas. Importan los amigos nocturnos.