Adiós Mad Men, adiós

Es muy difícil expresar en palabras la tristeza que provoca despedir a Mad Men: una de las series más inteligentes y brillantes que se harán nunca en televisión. Y sólo algunos sabréis, en cierta forma, el “vacío existencial” que provoca tener que decir adiós a unos personajes que han formado parte de nosotros durante siete años. Porque aunque las series se puedan volver a ver, no hay nada equiparable a la sensación que provoca dar por terminada una etapa de tu vida, que es lo que al final, todas ellas, vienen a representar.

BettyMadMen

Después de todos los baches, del regreso de Don del lado oscuro, la séptima temporada nos devolvía a lo habitual. O eso creíamos. “Person to person”, su final, es uno de los capítulos más brillantes de la serie de Matthew Weiner, que ha dado una más que justa despedida a todos sus personajes. Y aunque quizá algunos buscaran más espectacularidad, más dramatismo, la serie ha querido seguir fiel al estilo que la caracterizaba desde sus orígenes, regalándonos un 7×14 que no ha sido más final que lo que han sido todos los capítulos previos de la segunda parte de la séptima temporada, que ha ido concluyendo y cerrando, una por una todas las tramas desde que comenzó. No hay un final definido quizá porque la serie ha sido eso, un conjunto de acontecimientos que han ido resolviéndose hasta desembocar en una posible redención. No quedaba mucho más por decir después de todo.

Temíamos que fuera a pasar y al final lo vimos, Don Draper, al igual que el personaje de los títulos de crédito tenía que tocar fondo en algún momento. Todos tenemos un límite y aunque su periodo de decadencia comenzó hace mucho, con ese mítico “Smoke get’s in your eyes“, han sido necesarios muchos fracasos, muchas traiciones y vaivenes, y si, muchas despedidas, para que Draper se diera cuenta de que la esencia de todos sus problemas estaban en sí mismo y su negacionismo.  Su recuperación parecía una ilusión cuando a mitad de temporada, desaparecía de nuevo dejando todo, a todos de lado otra vez.

Pero Don no ha estado solo en ese descenso, aunque sí es cierto que ha arrastrado a muchos al caer. Mad Men ha sido una historia de fracasos y decisiones mal tomadas, que de alguna manera ha querido compensar todo al final por eso de que en la vida “siempre todos tenemos derecho a una segunda oportunidad”. Por eso, “Person to person”, abre un nuevo camino a todos y cada uno de los personajes importantes en la trama. Queda esperanza.

Sterling después de sus divorcios y su turbulenta relación con su hija, encuentra estabilidad contra todo pronóstico con la madre deMegan Draper. Pete Cambell después de ese fascinante proceso de conversión en un ser humano decente, logra recomponer su vida personal y profesional, recuperando a Trudy y a su hija. Peggy se ha metamorfoseado en una de las publicistas más brillantes de la primitiva oficina y por fín deja la indecisión a un lado con Stan. Joan se desliga por fin de todas sus humillaciones previas y de su pasado, forjándose un futuro por sí misma, sin nadie más.

Pero de todos, el destino final que más ha sorprendido, el más injusto, ha sido el de Betty Draper. Cuando por fin todo iba a mejor a la infantil y perfecta ex mujer de Don le detectan un cáncer terminal,justo cuando empezaba a volar por su cuenta. Quizá la sorpresa más amarga y más bonita de un desenlace que nos ha permitido conocer a la auténtica Betty. No esa niña caprichosa que se resiste a crecer, sino la luchadora que decide rendirse cuando ya no puede hacer otra cosa. Una mujer fría pero madura, que se enfrenta sin rechistar a un desenlace injusto, que solo estalla en lágrimas al enfrentarse a Don. No nos quedan dudas, al final siempre fueron importantes el uno para el otro. Nunca más tendremos un personaje femenino tan complejo, contradictorio, adorable y perfecto. Goodbye birdie.

En algún momento del capítulo, totalmente abatido ante la magnitud de los acontecimientos, dice Dick Whitman -la ficción de Donald Draper se ha esfumado para siempre hace mucho- que “La gente simplemente viene y va, y ninguno dice adiós“. Y es verdad. Esa ha sido la esencia de la serie en general. Personajes que van abandonando a Don dejándole solo y desamparado. aguantando su propia vida de mentira, su ficción publicitaria. Su hermano, Anna, Rachel, Lane Pryce, Bert Cooper, la última Betty.

Nadie se despide de Don, pero cuando Don lo hace del  espectador, lo hace a través de tres llamadas telefónicas. El porqué resulta obvio, Don nunca está presente en los momentos importantes, tampoco va a estarlo al final. No creemos que pueda cambiar, pese a todo.

“Tengo que irme”, se despide Betty a duras penas, “Vuelve a casa.” le pide Peggy. ¿Dónde? contesta él. Al final, de todas las historias, amoríos, de todos los enredos que ha vivido, resulta claro que las tres únicas mujeres de la vida de Don han sido Peggy, Betty y la pequeña Sally, uno de los mejores personajes de los que la serie nos ha hecho enamorarnos, y que ha logrado madurar y crecer por encima de todo y pese a todo.

Después de todo, Dick Whitman, como Michael Corleone en la escena final de El Padrino III” confiesa sus pecados. “He roto todos mis votos, escandalizado a mis hijos, he utilizado el nombre de otro hombre para no hacer nada de él” le dice a Peggy. Es la muerte definitiva del personaje, la liberación. Don Draper no existió nunca, era una excusa ridícula que no podía mantenerse más en el tiempo. Nos ha roto el corazón con esa escena final en la que por fín se abraza así mismo, se acepta, y decide avanzar.

Poco queda ya del primitivo “Sterling-Cooper” que nos abría sus puertas envuelto en humo en la primera temporada. Todas las historias entremezcladas se han ido separando poco a poco y cada uno se va por su lado. Peter se despide de Peggy para marcharse a su nuevo trabajo con su familia de siempre, Roger de Joan, Betty melancólica espera fumándose un cigarro a la muerte.

El nuevo día trae nueva esperanza. Las vidas que hemos llevado, que todavía no hemos tenido. Un nuevo día, nuevas ideas, un nuevo tú. Reza un mantra. Es un buen comienzo, que no un final, pese a todo. En Mad Men esas líneas no resultan demasiado bien definidas.

No sabemos qué le deparará a Don la vida, pues todo es ambiguo. ¿Continuará en McCann y creará el anuncio de Coca Cola? ¿Será Peggy? ¿Vivirá su vida independiente allí en California, ahora que ya ha dicho adiós? Sea como fuere, ojalá encuentre el destino que alguna vez le correspondió.

En algún lugar de Madison Avenue, Don y Peggy bailan, Roger vacía una copa y todo comienza de nuevo. Gracias Weiner, por tanto.