Voy a utilizar un lenguaje muy soez frente a los comentarios que estoy leyendo en redes. No me gusta hablar así pero no me quedan otras palabras. Racistas de mierda. Me da miedo, me da vergüenza vivir entre personas como vosotras que pensáis que ese barco está de crucero por el mediterráneo y se trata de una epidemia de negros que vienen a robarnos el pan. Espero que nunca tengáis que cruzar el mar con vuestra hija en brazos huyendo del hambre, enfermedades y la guerra. Porque hay gente que prefiere jugarse la vida antes de tener una muerte asegurada. Espero que jamás tengáis hipotermia, quemaduras o deshidratación, espero que nunca veáis morir a vuestra madre, hermano o padre, espero que nunca tengáis que soportar violaciones, espero que nunca tengáis que elegir vuestra muerte. Porque todas esas personas que van en ese barco huyen de todo eso.

Deberíamos aprender a dejar de ser españoles, y empezar a ser humanos, a dejar de ondear una bandera manchada de sangre en nuestros balcones y limpiar bien nuestra casa donde los muertos todavía andan en cunetas. ¿Qué clase de patria es la que promueve este egoísmo? Sólo aquella que vive desde y por la mentira. Yo no quiero financiar más a la Iglesia, los toros o la corrupción. Soy de esas personas que no tienen patria, que prefieren los abrazos de otras personas, que prefiere si hiciese falta jugarse la vida en el mar.

Parece que ya no nos acordamos de que fuimos nosotros también inmigrantes. Me avergüenza la gente que todavía vive encerrada frente al fútbol y cerveza. Pero a los otros, a los que devuelven el abrazo muy fuerte quiero daros las gracias, porque podemos mirarnos tranquilos al espejo y saber que nacimos de la misma tierra sea aquí o en África, respiramos el mismo veneno, la misma mierda, aunque la vuestra la disimulamos con purpurina.

Hay que aprender y nos queda mucho. España no sólo para los españoles, España para todos los que la necesiten.

Porque no me avergüenza abrir fronteras.

 

Iris Almenara