5 días en nuestra adolescencia

Five-days-725x1024Recuerdo los años de la Secundaria como una gran etapa en mi vida, y no precisamente por mi lamentable expediente académico, sino por la gente, por la clase y bueno va, por las chicas. Corría el año 2004 y Onán era uno más del grupo. De hecho, la frase de “niño, sal del baño que te vas a quedar ciego” era el TT de esa, nuestra generación. En fin, a lo que íbamos…

La semana pasada fui a un pase privado de ‘Five days to dance’, –ya está en cartelera, es el Documental del Mes- un emocionante relato que, de verdad, consiguió devolverme a esos años. Dirigido por los valencianos Rafa Molés y Pepe Andreu, trata sobre la experiencia de Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt, un holandés y una donostiarra, ambos bailarines que ofrecen a las escuelas una experiencia distinta, un reto necesario.

Cada lunes, la pareja se dirige a un colegio diferente para trabajar durante cinco días, de lunes a viernes, una coreografía que deberán representar ante el público. ¿Los bailarines?, unos alumnos en plena adolescencia que dejan las clases una semana para enfrentarse a este reto con el que los coreógrafos pretenden “mover a las personas cuando el mundo las paraliza”.

El documental de SUICA Films, pese a comenzar en Bremen, se centra en la primera experiencia en España de Wilfried y Amaya, en un colegio concertado en San Sebastián. Un sitio de bien y aparentemente correcto, pero que también tiene mierda bajo de sus alfombras.

Nada más encontrarse con los estudiantes, Wilfried les pregunta: ”sabéis lo que es la Danza-Teatro?”. Nadie contesta. Normal, están nerviosos; no saben cómo terminarán la semana ni lo que ocurrirá, aunque intuyen cosas. Igual que los profesores, algo escépticos con este contratiempo en su calendario, pero bastante convencidos de que sucederá algo bueno.

El hilo del documental es la danza, a través del cual se tratan otros temas, pero siempre girando en torno a la complicada e incierta adolescencia. Mediante declaraciones de algunos alumnos, tan personales como duras y emotivas, conocemos un poco más de cerca y con gran sutileza sus experiencias más íntimas, desde el bullyng hasta los miedos y sueños frustrados antes de hora, corsés con los que (no)viven y que les mantienen reprimidos.

Porque todos ellos tienen sus problemas, y no son tonterías de adolescentes, son de adultos, pero se tienen que enfrentar a un día a día que no les ayuda. Ellas y ellos, chicas y chicos, con y sin acné, necesitan tener experiencias, sentir, vivir, probar, fallar, gritar, saltar, tocar… expresarse y decirle al mundo: “¡eh, que aquí estoy yo!”.

Es una opinión personal, pero recordando mi adolescencia, creo que nunca nos enseñaron a pensar, no nos dejaban crecer. No tengo quejas de mi colegio, pienso que allí fui feliz de verdad, pero yo era uno de esos niños que jugaban a fútbol y pasaba totalmente de estas actividades, no tenía interés. Tal vez no lo aprovechara, pero siento que no supieron motivarme, que por estar pendientes de “seguir el sistema” se olvidaron de enseñarme a vivir. Ojo, que esto no es una crítica solo a los profesores, sino a la educación.

He aquí el verdadero trasfondo del relato, la educación, tan maltratada en nuestro país. Por eso es importante esta película, pero sobretodo son imprescindibles los Five days to dance que proponen Amaya y Wilfried. Sin ninguna pretensión de adoctrinamiento, este film nos muestra que no todo en la educación pueden ser las matemáticas o memorizar fechas, que existen otros estímulos para hacernos pensar y ser críticos, pero sobretodo, para vivir juntos. Es básicamente un canto al optimismo, a la libertad que proporciona el arte y la cultura; saber desarrollar una forma de expresarse para después poder equivocarte, reflexionar y seguir viviendo sin pensar en el rol que deberías tener según la sociedad, sino en lo que te gustaría ser.

Para terminar, me están viniendo a la memoria esos años en los que no conseguí perder que aun me dura la vergüenza por bailar (porque sí, en mi colegio nos enfrentamos varios años al Chachachá y otros estilos…), esos años en los que el mundo se dividía en grupitos, te echabas tu primera novieta y en la vida solo distinguía a los delanteros de los defensas; esos años en los que cada colegio tenía sus diferentes personajes, todos con su careta, con su status… y es que en una escuela, sea de la clase social que sea, ocurren muchas cosas que no se perciben. Todo esto seguirá pasando si no hay un cambio de mentalidad, un reseteo general que saque lo mejor de cada persona. Mientras tanto, dejemos que propuestas como Five days to dance se cuelen en nuestra educación…