El 23 de Febrero de 1981 yo estaba en la placenta, dentro de la barriga hinchada de mi madre. A tres meses de salir a este mundo, a esta España de cañita y bravas, de cielo azul y rabo de toro. Cuatro décadas de dictadura y el miedo que imagino se debía de respirar en las calles, no durante el día del golpe sino ese tiempo que nos llevó hasta ahí, hasta ese día, esos seis primeros años de reinado juancarlista borbónico en el que los carpetovetónicos irían supurando bilis y apretando la empuñadura fría de su trabuco, mirándose al espejo, poniendo la boca así como apunto de soplar por una corneta y diciendo entre rechinar de dientes y perdigonazos de saliva: los españoles no están preparados para gobernarse a sí mismos, ¡no!, ¡están!, ¡preparados!, ¿me hablas a mí? ¿puto rojo de mierda?; no tengo ni idea, pero me lo imagino, ese miedo, ese sin vivir como cuando aquel viejo de la biblioteca sale de la cárcel después de pasar en ella toda su vida (“Cadena Perpetua”) o cuando estoy en un buffet libre que no paro de rellenarme platos pero no termino de comerme ninguno, como cuando tu pareja cierra una conversación de wassap con un: muy bien, ya hablamos. ¡AHHH! ¿Ya hablamos? ¿Cuándo? ¿De qué? Son esos primeros años de libertad los que me imagino especialmente duros, a los españoles como periquitos de criadero que son liberados de su jaula y se van directos al mar a morir ahogados porque no saben que no pueden nadar, que lo suyo es volar joder. Y pensando, incluso aquel que estuvo esperando toda su juventud que llegara por fin la libertad, con sus ya 40 tacos, panzudo y derrotado, sentado ante la pantalla de tubo, viendo todo aquel sindios, las imágenes de los tanques por las calles, diciendo para sí, con alivio: ya era hora.

No estábamos preparados para el mundo en color, ni lo estamos aún ahora. No estamos preparados para el feminismo, para votar Vistalegre II, para indignarnos que un rapero le metan tres años y medio de cárcel por criticar en una canción al ahora ya ex rey Juan Carlos (juancar litros).

Al final no pasó nada, aquello fue todo una broma, para echarse unas risas y ver quién tenía cojones en el Congreso. Yo nací ya en libertad y terminado aquel periodo del que hablo en el que aún debían ir mis padres con el culín un tanto apretao, respirando un poco más tranquilos, haciéndose coleguitas del verdugo; ya no masacraban huelguistas, así con el tiempo podrían gobernar otra vez el país mientras dejaban a otro partido que empezó diciendo que era de filiación marxista para después subir al poder como socialdemócrata y terminar siendo con el tiempo de centro-derecha, en plan pelilos a la mar; recuerdo el maravilloso vaivén de un pecho moreno como la arena de Palermo asomándose al mundo, sin escapar del todo, durante la retransmisión de año nuevo de 1987. Luego, en mi edad adulta, me manifesté por la excarcelación de okupas, fui a la embajada de Irak en España para mediar de alguna manera a favor de la no invasión durante el gobierno de Aznar, participé durante aquellos singulares días de la Primavera Valenciana (el 15 M). Y eso es todo. Con siete años aquella glándula mamaria de perfecta estructura, aquella galleta María me estaba diciendo como el ojo de Saurom: da igual muchacho, fagocitaremos el sistema, neutralizaremos tu voluntad, te daremos una idea de confort, ama al Gran Hermano. Yo, ahí, subyugado, ya supe sin saberlo lo que era y sería la fatalidad del deseo.

Hoy, ¿cómo me imagino que sería el intento de golpe? Al igual que entonces sería algo mucho español. Ya sabéis, de sainete, de traca, de pandereta, como fue entonces. Estaría Ferreras haciendo una retransmisión pirata 24 horas desde un búnker el día del golpe; OkDiario en su rotativo del día siguiente titularía: ha sido ETARajoy haría unas declaracionesh a los tres días que serían algo así: a ver, un tiro esh unos tirosh y esh el alcalde el que quiere el golpe, ¿ehm?; Rivera intentaría pactar con Tejero, unir, no dividir, desde la conciliación; Pablo diría que deben decidir las bases del ejército; Celia ni se enteró de la movida por estar jugando al Clash of Clans; Bescansa hubiera sido la que hizo de Gutiérrez Mellado, no se vio amedrentada por los disparos y abroncó a los golpistas por entrar armando ese escándalo cuando ya tenía dormido al bebé, terminando así con las 16 horas de secuestro, ¡todos a casa pardiez, ya está bien de hacer el payaso!. Al final fue ella la que tuvo cojones. Pero no pudo desperezar la conciencia de unos culos que tienen que pagar facturas.