15 M: Pienso, luego estorbo

Hace ya seis años, gracias a la red y las nuevas formas de comunicación, se convocó masivamente una manifestación de descontento ciudadano que tuvo cero repercusión en los medios. Se pensó entonces de qué manera se podría pasar el filtro informativo para que pudiera trascender de alguna manera ese clamor popular que latía en las calles, esa voz dormida que gracias a aquella convocatoria se le había dado forma y que los medios decidieron ignorar. La solución fue una sentada en la Plaza del Ayuntamiento. En la Puerta del Sol de Madrid y en el resto de ciudades y pueblos.

Yo llegué a la Plaza del Ayuntamiento de Valencia el cuarto día. Me acerqué por curiosidad y me encontré con una asamblea improvisada en el suelo con apenas una decena de personas y un megáfono de los chinos. Al cabo de tres días aquello estaba abarrotado de gente. Recuerdo clases universitarias gratuitas, organización de comisiones, una cocina de voluntariado que tuvo que echar el freno al convertirse rápidamente en un comedor social… Todo aquello fue espontáneo. La Anarquía llevada a cabo y funcionando. El hastío, la apatía, el individualismo, fueron males olvidados de manera repentina al haberse materializado un hecho, un suceso, un arrebato con conciencia colectiva. Transcurrida una semana, al escuchar a gente cercana simpatizar con el argumentario despectivo de la TDT Party diciendo que aquello se estaba llenando de hippies guarros que fuman porros, que qué hacía toda esa gente allí haciendo malabares, que la democracia tiene sus cauces, etc; supe que era el final. Los de arriba siguieron a lo suyo y todo continuó igual. Desalojaron a la fuerza, ganó el PP con mayoría absoluta y: continuaron con la política de recortes públicos, penalizaron las manifestaciones, desprotección y retirada de las conquistas del estado de bienestar … La gente volvió a sus vidas y a aquel aconteciemiento, en Valencia, se le llamó Primavera Valenciana.

15M plaza del 15 de Mayo

Quizá hoy estemos un poquito mejor que entonces. Cierto es que las tres principales ciudades de España han cambiado el color de la alcaldía (en Barcelona con la que era portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca). Hoy decenas de diputados y concejales proceden de aquel movimiento. Siguieron su consejo con aquello de “que se presenten a las elecciones”. Hoy quizá haya menos tolerancia desde que estallara la ciudadanía en aquel entonces pero también vemos que seguimos con Mariano y que, ridículo de tramabuses y peleas a parte, se ha conseguido más bien poco. Y si no, repasemos cuál era el acta del 20 de mayo y que cada uno saque sus propias conclusiones:

– Obtención de escaños proporcional al número de votos y listas abiertas.

– Que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda.

– Sanidad pública, gratuita y universal.

– Educación pública y laica

– Abolición de los sueldos vitalicios, así como que los programas y las propuestas políticas tengan carácter vinculante.

– Que sea obligatorio por la Ley Electoral presentar unas listas libres de imputados o condenados por corrupción.

– Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido que ser rescatadas por el Estado (art. 128 de La Constitución: “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”)

– Democracia participativa y directa

– Efectiva separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

– Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos políticos

La sociedad española no es sólo los tarados que salen a la calle para manifestarse por Gran Hermano o la gente de Hogar Social Madrid, está bien recordarlo. Y la manera de hacerlo es celebrando que nosotros los españoles un vez fuimos un ejemplo mundial de respuesta social reivindicativa. Quizá fue solo un sueño del que ya hace tiempo despertamos.

Si nos dicen SOÑÁIS: ¡Pues sí, claro! Constantemente, soñamos siempre.  Lluís Llach